Hoy
cumplimos tres semanas fuera de casa. Nos hemos acostumbrado a la rutina de ir
a clases, comer algo preparado de casa en el comedor de la escuela y salir a
buscar trabajo. Las cafeterías suelen cerrar a las 5, como la mayoría de las
cosas, así que tenemos que aprovechar al máximo las horas que tenemos tras acabar la jornada de estudios.
La
búsqueda de trabajo no está siendo fácil. Bien es cierto que apenas llevamos
dos semanas buscando, lo normal es encontrarlo al mes según nos dicen, pero uno
siempre quiere que las cosas se solucionen antes. Pienso que cometimos el error
de venir después de verano, es temporada baja, los trabajadores estacionales se
han ido a casa y ahora sólo se queda el personal fijo que funciona el resto del
año. Aún con esas, sabemos que es una tarea difícil pero en absoluto imposible,
estamos pateando los pequeños suburbs (el centro está copado), cada día escogemos uno y vamos a por él. Entramos a la gran mayoría de los locales con una sonrisa y actitud “friendly”, pero no nos cogen el curriculum en todas partes. Eso sí, el no, nos lo dicen con mucha
educación y a veces hasta con pena, lo cual en estas circunstancias se
agradece. Hasta ahora nos habían rechazado en algunos lugares por no tener el
dichoso RSA, pero ya le hemos puesto solución esta tarde y tenemos la licencia
para servir alcohol, ¡un obstáculo menos! Después de casi 6 horas de clase,
salimos a las 2.15, comimos y a las 3 ya estábamos en el otro curso. Hemos acabado a
las 7 con sobredosis de inglés, creo que no habíamos agudizado el oído durante
tanto tiempo seguido en toda nuestra vida.