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jueves, 10 de octubre de 2013

XLI De profesiones y frustraciones: reflexiones

Hoy hace un mes que llegamos a Las Palmas, nos dimos una semanita de descanso pero pronto empezamos a buscar trabajo. El panorama es peor del que esperábamos, más aún cuando las cifras de paro juvenil en Canarias se han elevado hasta el 70% y nos situamos en segundo lugar en cuanto a tasa más alta de paro en general. 

Personalmente, nos encontramos ante una crisis de identidad profesional. Pasamos por la Universidad obedeciendo a una vocación, queríamos ser historiadores y además, Aitor Arqueólogo y yo Gestora de Museos. Siendo estudiantes y recién titulados, tuvimos la oportunidad de hacer nuestros pinitos en el campo, Aitor excavando de manera voluntaria y ambos ejerciendo de guías de exposiciones por cortos períodos de tiempo o haciendo nuestras propias investigaciones. Después de eso, hemos tenido una avalancha de trabajos no cualificados y muy alejados de aquellos sueños que teníamos hace unos años. Encuestas por la calle, promociones en supermercados, azafatos, dependienta, repartidor de compras...Y la experiencia australiana que ya la conocen bien.

martes, 17 de septiembre de 2013

XXXVIII Llegada a casa


El lunes 9 de septiembre salimos de Australia. Levantarnos sabiendo que era el último día que lo haríamos ahí no fue fácil. No parábamos de revisar todo, mientras nuestros compis ideaban en secreto un desayuno para los cuatro. En realidad ya habíamos desayunado, pero ese último café me supo a gloria. Nos dolió mucho despedirnos de ellos, hemos pasado en esa casa tres meses maravillosos y se había convertido en nuestro hogar.
Como teníamos poco, de camino al aeropuerto recibimos muchas llamadas y mensajes de despedida, nuestros amigos ya se habían despedido, pero lo hicieron una y otra vez. Total, que no podía parar de llorar. Esto me ha hecho reflexionar sobre la amistad. Relaciones que se establecieron y afianzaron en Melbourne en 5 meses, aquí he tardado en lograrlas años. Con esto no me refiero a amistades mejores o peores, sino a la rapidez con que aparecen los sentimientos, la ayuda sin esperar nada a cambio, un hombro en el que llorar o un oído que te escucha. Sin duda, lo mejor que nos llevamos de ésta experiencia, son los amigos.